# buscamos por palabras


Migrantes que van y vuelven: historias de personas y familias.
La historia está forjada por todas las migraciones desde que surge el planeta tierra, migraciones de aves, migraciones de distintas especies en busca de agua, de climas menos adversos, de comida. La migración está en conjunción con el movimiento que existe desde que el mundo es mundo y continúa en todo el Universo, todos y todas nos movemos. En continuo movimiento nos encontramos es imposible estar y sentirnos quietos y quietas.
Personas de infinitos lugares vivimos mudando de lugar, sea lejos o cerca buscando mejor calidad de vida, buscando el trabajo que falta en los países donde hemos nacido.
Cada historia de estas personas, y de las que serán nuevos y nuevas migrantes, de cualquier parte del Mundo, sea de la condición económica que sea, brindará a la Historia, que día a día y momento a momento vamos escribiendo con los hechos que nos suceden. Pensamos que nos pasa sólo a nosotros, sólo a nuestras familias, pero cuando nos pasa a cada una y cada uno algo, nos está pasando a toda una sociedad.
En estas historias, he encontrado como mujer migrante, infinidad de personas, buscando, buscando, vivir mejor, en paz, con trabajo y dignidad.
En mi historia tenemos una pareja que trataba de vivir de su trabajo y disfrutar del ritmo cotidiano sin mucha prisa, sin mucho material económico, pero si dignamente.
La muerte de Favaloro, un ícono médico y de persona, en donde su fuente y su vida fue su corazón y dar corazones a las personas para seguir viviendo, y la ironía de matarse con tiro en su pecho, en su corazón, dejando claro los motivos de su ejecución.
 “Suicidio”
Hacia el año 2000, la Argentina estaba ya sumergida en una crisis económica y política, la Fundación Favaloro estaba endeudada en unos US$75 millones, por lo que Favaloro pidió ayuda al gobierno, sin recibir una respuesta oficial. Después de su muerte se supo que le había enviado una carta al entonces Presidente de la Nación, el Dr. Fernando de la Rúa, que nunca había sido leída y en la que expresaba su cansancio de “ser un mendigo en su propio país” y le solicitaba ayuda para recaudar fondos para la Fundación. Además, expresaba que la sociedad argentina necesitaba su muerte para tomar conciencia de los problemas en los que está envuelta. Según ciertas páginas webs de noticias, el juez que instruía el caso del suicidio del Dr. Favaloro, libre la nota que este dejó antes de quitarse la vida, y que se reproduce a continuación. Pero queda por comprobar la verdadera autenticidad de la misma, ya que podría tratarse de un “hoax”.”
En esta carta, que según dice la “Justicia” argentina, que duda de su autenticidad, pero dadas las circunstancias plantea verdaderos motivos que en esos momentos y como en estos momentos personas de diferentes partes del mundo y de la Historia, se han dado eco en estos fundamentos, robo, usura, despreocupación de los estados  en permitir una salud que esté al servicio de la sociedad toda, se han terminado apagando en la selva que nos toca vivir, y que sólo los capitalistas aguerridos y sin escrúpulos seguirán usurpando las vidas de las personas.
A nivel familiar y personal, éste fue el detonante, de la decisión de Migrar.
En los párrafos de esta carta detalla el cataclismo que culminó en la poblada de diciembre del 2001. Mi pareja y yo en abril del 2001, teniendo que dejar a mi hijo mayor con su padre ya que un juez , poniéndome en el banquillo de las brujas acusadas de , querer buscar una vida mejor o intentar, para mi hijo, dijo no…porque no sabía a dónde iba, y su padre ejecutaría lo que la ley da en llamar PATRIA POTESTAD, y fue así que el pequeño con sus 7 años, y yo con mis 34 años y mi pareja , la cual tenía familiares en Galicia, emprendimos esa desventura que es migrar.
(Del Dr. René Favaloro/ julio 29-2001 – 14,30 horas)
“Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria. Nunca perdí mis raíces. Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia médica (…) Le dimos importancia también a la investigación clínica en donde participaron la mayoría de los miembros de nuestro grupo. En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno. La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales. El sanatorio tenía contrato con las más importantes de aquel entonces. La relación con el sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada). Nosotros con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente. Nunca permití que se tocara un solo peso de los que no nos correspondía.(…) La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza). Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno. Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto. ¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno! Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica.
Lo mismo ocurre con el PAMI. (..)Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estos últimos años) deberíamos tener 100 camas más. No daríamos abasto para atender toda la demanda. El que quiera negar que todo esto sea cierto que acepte que rija en la Argentina, el principio fundamental de la libre elección del médico, que terminaría con los acomodados de turno. Lo mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga)(…)Varios de esos pacientes han venido a mi consulta no obstante las ‘indicaciones’ de su cardiólogo. ‘¿Doctor, usted sigue operando?’ y una vez más debo explicar que sí, que lo sigo haciendo con el mismo entusiasmo y responsabilidad de siempre. (…)La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los médicos cardiólogos en sus consultorios.(…)La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar. Es fácil decir ‘no hay camas disponibles’. Nuestro juramento médico lo impide. Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses.. Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo se complica. En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas, pueden realizar su tarea asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben. Las cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100 millones de dólares cada una. Aquí, ni soñando. Realicé gestiones en el BID que nos ayudó en la etapa inicial y luego publicitó en varias de sus publicaciones a nuestro instituto como uno de sus logros. Envié cuatro cartas a Enrique Iglesias, solicitando ayuda (¡tiran tanto dinero por la borda en esta Latinoamérica!) todavía estoy esperando alguna respuesta. Maneja miles de millones de dólares, pero para una institución que ha entrenado centenares de médicos desparramados por nuestro país y toda Latinoamérica, no hay respuesta. ¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente? Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio.
A la corta o a la larga te lo hacen pagar.
La mayoría del tiempo me siento solo. En aquella carta de renuncia a la C. Clinic , le decía al Dr. Effen que sabía de antemano que iba a tener que luchar y le recordaba que Don Quijote era español. Sin duda la lucha ha sido muy desigual. El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse. Hemos tenido varias reuniones, mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al ´sistema’.(…)En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil. No puedo cambiar, prefiero desaparecer. Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos: ‘a mí no me ha derrotado nadie’. Yo no puedo decir lo mismo. A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla. Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional. Hace pocos días fui incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular. El año pasado debí participar en varios países desde Suecia a la India escuchando siempre lo mismo.’¡La leyenda, la leyenda!’Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga. Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz. Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata. No puedo cambiar. No ha sido una decisión fácil pero sí meditada. No se hable de debilidad o valentía. El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, hable de debilidad o valentía (…) Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad. Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así. En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta. En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos, han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara. A mi familia en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco. (…)Un abrazo a todos. René Favaloro.
La Historia fundamental, los pasos trascendentales, los demuestran los movimientos sociales, hoy, son los y las migrantes, que desde un hemisferio a otro van y vienen. Buscando un lugar en el Mundo, un lugar para todos y todas, sin corruptos y corruptas, sin transas y mala vida, sin imposiciones. Sin faltas de salud, educación y nivel social dignas, vivienda, ropa, libros, acceso a las nuevas tecnologías, caminar sin mirar detrás por miedo, por inseguridad, sin trata de personas, sin especulaciones y especuladores. Donde podamos salir a jugar a la vereda a la cera, sin pensar que alguna persona perdida, sumida en violencia y degenera miento pueda robar a nuestros hijos e hijas, de entrar a robar lo poco y nada que hemos conseguido con nuestro trabajo. Cómo podemos seguir viviendo en estas tierras, donde podemos germinar semillas de seguridad y estabilidad.
Donde poder crear, colectivamente y entendernos entre todos y todas, sin tener que imponer nuestras ideas.
La última imagen después de los 10 años fuera de mi país, es: Aeropuerto Valencia, España. Tres años hacía que mi pareja no tenía trabajo, desde el 2008, sentimos lo que se nos venía, 2010, quedo sin mi trabajo, lo que sentí AHORA O NUNCA, buscar contención familiar, y rebuscarla como se pueda pero en territorio que conocemos bien, que es más duro que la roca por lo que tenés que soportar y ver, cada mañana la impunidad y la desigualdad social constante, la dejadez de los gobiernos de turno, pero si de eso ya lo sabemos, no nos quedó otra que volver con la frente marchita, ya que en todas partes existe la especulación y las cuentas corrientes bancarias de un mundo donde todo ingreso depende de las guerras, la droga y la trata de personas. Llegamos, mi compañero, mi hijo el pequeño, nacido en Vigo, producto de esperanza, de nuestra migración. Antes de la partida, fue el desprendimiento de todo o lo poco que teníamos entre amigos y amigas y conocidos también migrantes, ubicar mascotas, que en algún momento pudimos pensar que podríamos estar Juntos y juntas para siempre Jamás… En el aeropuerto, con tres valijas,  una por cada uno, que por la magnitud de la vuelta, no quisimos reconocer que una valija no se puede cargar todo y toda la Vida de esos 10 años, Chek In, pesa valija, sobrepeso total, imposible de llevar en el avión…nervios y descontrol, mi persona quedó bloqueada, quería subir al avión con o sin valija, era la salida, quedarse no podíamos, era lo último ahorrado para los pasajes de tarifa económica. Mi compañero ejecutó, abrir valija, sacar y meter todo y toda esperanza, sueño y dejar lo que más habíamos venido a buscar tranquilidad, dignidad y trabajo, en una bolsa de basura de consorcio, ropa, algún que otro libro y demás pertenencias, todo para poder subir a ese avión, para volver de lo que habíamos huido, de la intranquilidad, inseguridad, de la inestabilidad de las personas sin escrúpulos, de lo aturdida y perdida que esta la sociedad argentina. Todo y toda en una bolsa, la sensación de perder, de perderlo todo, de volver si a la familia, pero no queríamos el ruido, el smog, el descontrol cotidiano. Y aquí estamos, y aquí estoy, trabajo, no gracias. No hay nada nuevo bajo el sol, releo la carta de René Favaloro, y no ha pasado nada nuevo bajo el sol y en este hemisferio de otoño.
Aixa García
FUENTES CONSULTADAS