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Gioconda Belli: “Las mujeres no hemos contado el mundo desde nuestra perspectiva”

Gioconda Belli habla de su más reciente novela, El intenso calor de la luna (Seix Barral), y reflexiona sobre la literatura escrita por mujeres.

Su primer libro Sobre la grama fue publicado por un canje publicitario con una empresa a quien le llevaba la cuenta de publicidad; Jaime Morales Carazo era el gerente de esa
empresa y quien creyó en la poesía de esta jovencita que se atrevió a publicar sus poemas eróticos, acuerpada por Francisco de Asís Fernández, José Coronel Urtecho yPablo Antonio Cuadra, entre otros. Roger Pérez de la Rocha dibujó lo que sería la portada. Hace 42 años de esta anécdota, desde entonces ha publicado diez libros de poesía, siete novelas, ha aparecido en muchísimas antologías y revistas, suplementos literarios, y obtenido una docena de premios y un sin número de reconocimientos. Nos sentamos a conversar con Gioconda Belli, escritora para quien sus críticos más acérrimos pactó con el diablo a cambio de las palabras.
Gioconda, después de una larga trayectoria en las letras, ¿las palabras se agotan, pierden filo? ¿El escritor entra en crisis con las palabras, su herramienta fundamental?
No, con las palabras no entrás en crisis, pienso que entrás en crisis con la imaginación. Empezás a tener conciencia de cuánto se ha dicho y de las veces que se han dicho las mismas cosas. Lo que se hace más angustiante es la búsqueda de cosas nuevas, de formas nuevas, de territorios nuevos que explorar. La literatura es una exploración. Una exploración del ser humano de su infinita interacción, con los demás, la naturaleza su ambiente, etcétera. Pero como el escritor tiene una visión personal, lo que fascina o repugna del ser humano sentís que no es explorado. Creo que es un sentimiento falso que el escritor tiene. Los temas son inagotables. También tiene que ver con el ritmo de la vida propia. En algún momento hay temas que fascinaron, pero con el tiempo dejan de fascinar o motivar. A medida que uno va envejeciendo y creciendo también la futilidad de la vida es una pregunta constante. Cuando estás en una librería y ves la cantidad de libros, pensás en para qué otro libro más, ¿qué puedo decir que no se haya dicho? Tenés que reasegurarte a vos mismo, apapacharte para no deprimirte y pensar que sí tenés cosas que decir.
¿Cómo ha sido esa búsqueda? ¿Cuál ha sido tu método de trabajo?
Hay que tener pasión, constancia y un poco de coraza. Porque además de la propia inseguridad, te encontrás con la crítica, a veces el desprecio, con cosas que hieren y hacen dudar de tu trabajo. De tal manera que se debe aprender a verse a sí mismo con objetividad y tener la humildad de reconocer tus fallas y que podes mejorar. Hay personas que te verán de cierta manera, tampoco es que le debés de gustar a todo el mundo. Uno como escritor va madurando. Con el tiempo la búsqueda se torna más minuciosa, angustiante, pero no se declina. Terminé recientemente una novela y me he propuesto no dejar pasar más tiempo para empezar a escribir otra. En otras ocasiones he dejado pasar mucho tiempo y cuesta someterse a la disciplina rígida que me impongo cuando escribo una novela. Durante estos días tengo tres ideas que estoy dándole vueltas, no sé cómo van a salir. Es un período de incubación, de dudas y de retos. Por eso pienso que no se puede declinar. No puedo sentarme a escribir si no hay un reto, si no me apasiona la idea que quiero desarrollar, de escribir una mejor novela que la anterior y sobre todo si la idea no me intriga. Historias hay miles para contar, pero la intriga es saber qué hay en esa historia que sea especial que merezca el trabajo arduo. La novela no solo es contar la historia, sino sacar la esencia que emana. Ése es el reto.
Hablando de la crítica, del desprecio, sabemos que hay un público cautivo que siempre busca las novelas y lo nuevo que escribe Gioconda Belli, pero también hay un público detractor y muy crítico. Sabemos que en Nicaragua carecemos de crítica y que tu trabajo ha sido reconocido más afuera que dentro de nuestras fronteras. Eso no solo le ha sucedido a Gioconda Belli, les sucede a muchos escritores. ¿Qué opinión tiene al respecto?
Creo que es normal de cierta manera, como dice el refrán nadie es profeta en su tierra, y tiene cierta razón. Hay ciertas cosas pueblerinas de Nicaragua, todavía. Por ejemplo, «el escritor que tiene éxito de ventas es malo», si alguien es bestseller sos malo, es una deducción matemática y me parece absurdo, también García Márquez fue bestseller. También el nivel de fantasía de la gente con respecto a mí, que no sé quién creen que soy. Hay también una proyección que de alguna manera les molesta. Porque publicar novelas y haberme ganado premios les parece como si tuviera pacto con el diablo o la diabla. Muchos de los que más me critican no han leído una sola novela mía, pero inmediatamente me descalifican.
Además de tu labor literaria perseverante, también has sido una militante activa del feminismo. Esta descalificación de la que acabamos de hablar, ¿no tiene los ribetes de una sociedad machista, misógina, que minimiza todo éxito alcanzado por mujeres?
Por supuesto que sí. Yo veo como trata la crítica a Isabel Allende, particularmente no me gusta como escritora, pero es una escritora que ha hecho una carrera, ha escrito algunos libros buenos como Paula, las memorias que a mí me han gustado, La suma de los días. Cualquier hombre que lograra ese nivel de éxito internacional no lo tratarían con ese desprecio crítico. A mí me parece que Pérez-Reverte se parece a Isabel Allende en términos de género y de superficialidad con la que trata algunos temas, pero nadie señala a Pérez-Reverte. En cambio con Isabel Allende es como que no existiera en la crítica literaria cuando se habla de la novela hispanoamericana. La Marcela Serrano, apenas existe, la Ángela Mastretta, medio existe. La Elena Poniatowska tal vez, porque es una señora mayor, periodista de larga trayectoria. Pero realmente a las mujeres escritoras la diferencia de nivel que se les atribuye en cuanto a calidad literaria es muy dura de aceptar.
Además de escribir, decís las cosas, luchás por las mujeres, por ejemplo esa es una parte de mi trabajo como escritora, hablar como mujer, darles voz a las mujeres. Las mujeres no hemos contado el mundo desde nuestra perspectiva. Yo quiero contar el mundo desde esa perspectiva. No me importa que me digan que soy cursi, romántica, lo que sea. Lo dicen porque soy mujer. Pero las mujeres, que además son las que más leen y las que más compran libros, aprecian el trabajo y sí me dan ganas de escribir, de seguir haciendo lo que hago, porque encuentro que se crean vínculos, una conexión bien profunda al hablar de un mundo que nosotras como mujeres vivimos, habitamos y conocemos.
En la nueva novela, El intenso calor de la luna, Emma el personaje principal, tiene que ver con este tema que abordamos. Emma llega a cierta edad en que en nuestras sociedades la mujer debe encerrase a tejer y criar nietos. Desde esta perspectiva que abordás, les das una nueva voz a estas mujeres que atraviesan esta etapa y se encuentran en una encrucijada de edad, de empleo, de crisis matrimonial. ¿Por qué abordar estos temas?
Exactamente. Esta novela es convertir la menos-pausia en súper-pausa. Es una etapa que la mujer llega a vivir para sí misma. Hasta que se van los hijos, hasta entonces la mujer se dedica a ella misma. Hay un parte en la novela en que Emma va a la ginecóloga y le pregunta por qué cree que las mujeres viven más que los hombres, y ella misma responde porque es una manera que el tiempo nos compensa todo el tiempo que nos dedicamos a cuidar a los demás. Esta mujer llega a su realización, a su plenitud, porque empieza a pensar diferente. Tiene un romance con un hombre más joven y hay un cuestionamiento de parte de la sociedad, cómo la ve ante su propio miedo en esta etapa, cómo su apego a cosas femeninas como la regla, y esto es una tragedia. Cómo ella, la protagonista, enfrenta esto. Se da cuenta de las trampas que la vida útil de la mujer no es de los 20 a los 40 años. También abordo las relaciones largas, como vive esa relación una mujer que ha sido muy tradicional. Cuando un matrimonio se ha acabado y la única argamasa que lo mantenía unido eran los hijos. Cuando éstos se van, esa pareja se queda sin nada que decir, sin nada que los una. Fue interesante, me gustó escribir esa novela. Meterme en todo este mundo, también en el mundo del barrio. El joven del que tiene esta relación, Emma lo atropella, y esto sucede en el Barrio San Judas.
También el mes pasado anamá ediciones presentó la «Giocoteca», una colección de escritorio muy novedosa para los nuevos lectores que no conocen tus primeros libros. ¿Cómo surgió la idea?
La idea de hacer una reedición de algunos libros surgió hace rato. En vez de sacar un compendio de obras completas, fue mejor sacar cada libro por sí solo con todos los poemas tal cual salieron en la primera edición, no con la misma portada, pero si los poemas. Se nos ocurrió a Salvadora Navas y a mí, no sé a quién de las dos fue primero, ponerlos en una cajita y darles un nombre: Giocoteca o Biblioconda. Hacía muchos años había visto algo que se llamaba Gaboteca, que eran los cuentos de Gabo, recordé esto y me dije, puede ser Giocoteca y realmente quedó bellísima, Salvadora hizo un trabajo extraordinario de edición junto con Friné, porque se buscaron los poemas tal como aparecieron en su versión original, porque los poemas han cambiado, yo misma les he hecho cambios y correcciones en la medida que han circulado y aparecido en diferentes antologías o en internet. Está muy cuidada la edición, además de ser una colección bella, con las portadas Chagall, en el interior hay unas hojas de colores que le dan al libro el valor de un objeto de arte.
Un punto ineludible: hablemos de la nueva generación de escritores, ¿qué panorama te ofrece?
Tengo que decir que la persona que más me deslumbra como futuro gran poeta de este país es Carlos Fonseca Grigsby. Acabo de leer su último libro y es extraordinario. Este joven tiene 25 años, desde su primer libro tiene una voz absolutamente suya, trabajada, bien madura para su edad, con mucho que decir. Eso me alegra y me da esperanzas que continuará la excelencia de la poesía nicaragüense.
Hay una gran producción literaria, me preocupa a veces porque veo fogonazos de creación, de aciertos, pero todavía siento que hay una búsqueda que no se ha cristalizado. No tiene que ver con la calidad de cada quien, sino con los tiempos que vivimos, con las búsquedas, porque ciertas formas se sientan agotadas, hay un deseo de mezclar una forma de comunicación que integre diferentes voces, como lo que han hecho los de NotiCultura, Mario Martz, Enrique Delgadillo, vos, que me parece válido y un acierto al mezclar cine, poesía, música. Pienso que estamos conscientes, ustedes más que nosotros los mayores, que se necesitan nuevos vehículos para llegarle a la gente, para convertir a los jóvenes a la catedral o a la religión de la poesía, como algo vivo, que no se permita pensar que ya no hay nada que leer o que la lectura se convierta en esa lectura de corta atención del Facebook y de los medios electrónicos. Yo pienso que no se acabará la lectura, pero creo que estamos en un período de transición. Sin embargo, no hay que perder la visión del trabajo del texto seguirá siendo el eje y la base de la literatura.





Madeline Mendieta y Gioconda Belli / Foto: CAROLINA CELEDÓN
Cada generación responde a su contexto socio-histórico, pero esta nueva generación señala que no tuvo esos referentes inmediatos que tuvieron los jóvenes de tu generación, no hay una retroalimentación tan fluida como sí la tuvieron los escritores de la generación del 60 a la cual perteneciste. ¿Cómo era en tu juventud la relación entre los jóvenes y los poetas reconocidos?
Creo que ahora ustedes tienen más acceso mediante el Internet a las diferentes bibliotecas, como el Proyecto Gutenberg, el Instituto Cervantes, donde podés hacer compras en línea de obras clásicas a costos muy bajos. Los grandes clásicos se pueden conseguir a través de Internet. Nosotros éramos más comunitarios, nos pasábamos los libros. Nos veíamos, y pienso que no competíamos, nos alegrábamos más de los éxitos de los demás, nos empujábamos los unos a los otros. La relación con los viejos era totalmente distinta a la que veo hoy en día. Me apadrinaron Carlos Martínez Rivas, José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, quienes en alguna medida me salvaron la vida porque yo fui piedra de escándalo. Mi familia quería que dejara de escribir. Fue un escándalo porque era muy joven, tenía 19 ó 20 años, y estos grandes poetas me validaron y fueron como un escudo para mí contra toda esa andanada de crítica que recibí cuando empecé a escribir, por el tema que escribía y por mi propia sexualidad.
Entre nosotros nos apoyábamos. Carlos Alemán Ocampo, Francisco de Asís Fernández, me llevaron ante Pablo Antonio Cuadra. Nos celebrábamos entre nosotros mismos, éramos una macolla, nos leíamos los poemas. Yo llamaba por teléfono cuando escribía un poema. También teníamos una relación muy cercana con los pintores. Había una comunidad artística que tenía mucho que ver con la vinculación política, por la necesidad de apoyarnos mutuamente porque vivíamos una situación difícil de represión. Ahora siento que hay más aislamiento, menos comunicación y más competencia. En esa época no había grandes ayudas para publicar. Mi primer libro me lo publicó Jaime Morales Carazo, en Indesa, que era una empresa y yo le llevaba la cuenta de publicidad. Le conté que no tenía quién me publicara, él me ofreció publicarlo y que daría el libro como obsequio de navidad a sus clientes. Así salió Sobre la grama. Roger Pérez de la Rocha hizo la portada y los dibujos del interior. Le pedí el prólogo a Coronel, lo hizo a mano y fuimos a la imprenta. El libro fue hecho casi de manera artesanal.
En Nicaragua no se conoce pero Carmen Canela, española, musicalizó tus poemas e hizo un trabajo excelente. Si tuvieras que escoger un libro para ser llevado a la pantalla grande, ¿cuál elegirías?
Waslala. Ese libro lo he querido hacer guion de cine. Porque es el Mad Max que se encuentra con Cien años de soledad. Es el futuro, un poco loco pero con todo el realismo mágico de este mundo latinoamericano. Ése sería mi libro elegido. Aunque en este momento hay unos muchachos que están trabajando La mujer habitada, están desarrollando la idea de hacer una película.
Tuve muchas ofertas para hacer película El país bajo mi piel, pero ni mi esposo ni yo queríamos que nosotros apareciéramos como los protagonistas, no queríamos ceder los derechos porque una vez que se hace, cedés de alguna forma los derechos de tu vida. No quería verme en pantalla grande, talvez una versión medio ficticia de mí misma. Talvez cuando esté más vieja lo haga, de momento no.
¿Qué libros o a qué autores nicaragüenses considerás importantes y valiosos volver a editar?
Carlos Martínez Rivas. Se han hecho varias ediciones pero ha habido problemas con las mismas. Pero una buena edición de su obra sería importante, porque la influencia de Carlos es tan enorme que sería bueno editarlo. Sin embargo, también es un problema que veo en la literatura más joven. Es una influencia demasiado marcada que se escucha muy forzada. Ana Ilse Gómez, que tiene un trabajo extraordinario. Pienso que debería ser reeditada porque hay mucho que aprender de Ana Ilse, de su manejo del lenguaje, de la exactitud con la que trabaja el poema. Rosario Aguilar, pienso que se está revalorando su trabajo, pero todavía falta valorarla más. Joaquín Pasos, ojalá que se reedite.
Pienso en concreto en unas ediciones más accesibles, masivas, serían buenísimas. Hay una antología traducida que fue muy importante para la literatura nicaragüense a partir de la vanguardia, esta traducción fue hecha por José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal. Una antología de poesía norteamericana excelente.
Hay un proyecto que espero se materialice a través del PEN y es editar una serie de entrevistas con grandes escritores. Esto es importante para los jóvenes, tener referencias de cómo se trabaja el texto, a profundidad. No solo es conocer la obra del escritor, sino también la especificidad del trabajo creativo. Como el Paris Review que tenía entrevistas extraordinarias de Henry Miller, Hemingway, T.S Eliot y que eran verdaderas cátedras vivenciales de lo que significa el oficio de la escritura, y fueron de gran relevancia para muchas generaciones de jóvenes escritores.
El oficio y disciplina son evidentemente muy importantes, ¿pero qué hace Gioconda Belli cuando no escribe?
Leo, leo. Contesto correos electrónicos. Veo series de televisión, veo películas. Pero casi siempre estoy urdiendo qué voy a hacer. Ahora estoy trabajando un poco más con elPEN.
Justamente en tu trayectoria encontramos el oficio literario, pero también de madre, de militante política, de feminista, de esposa. Sos un ejemplo de una mujer moderna, de una mujer del siglo XXI. Sin embargo, llega un momento que ejercer tantos papeles con el equilibrio de un malabarista es difícil, procurar que todo esté en su preciso lugar, ¿creés que es más difícil para una mujer?
Sí y no. Pienso que te enriquece la vida poder hacer todas esas cosas. Pero sí es una tarea pesada. Porque el hombre que escribe tiene una esposa, las mujeres que escribimos tenemos esposo, pero no es lo mismo. El esposo más bien demanda, la esposa da tiempo. La mujer generalmente respeta el mundo del hombre. El hombre se siente amenazado por el mundo de la escritura. Yo he tenido la dicha que Charles no me impide, colabora. Pero las mujeres nos acomodamos, esa es la gracia que tenemos, aprendemos a hacer de todo. Sin embargo es un desgaste tremendo. Por ejemplo, cuando viajo, me angustia mucho. No me gusta dejar mucho mi casa, a veces me siento egoísta con mis hijos, siento que le dedico demasiado tiempo a la escritura. Tener que aceptar que eso es importante, me ha costado mucho. Porque la tendencia es decir que los hijos son más importantes que lo que estoy haciendo. Ese conflicto de no sentirte egoísta porque te estás dedicando a lo que te gusta, que los hijos lo reclaman, pero al papá no le reclaman trabajar tanto. Si sos mamá, los hijos reclaman que dedicás más tiempo a tu trabajo. Es un juego de equilibrio.
Las nuevas escritoras también pasan por descalificaciones. Si alguien escribe poesía erótica de inmediato es señalada de escribir o imitar a Gioconda Belli; pero quizá se debe a que sos un gran ejemplo para las jóvenes por tu trayectoria y perseverancia. ¿Qué creés que hace falta en el segmento mujer-escritora, especialmente en este relevo generacional del cual estamos hablando pero que no está cristalizado?
Yo siento que entre todo lo que hay a mí me gusta mucho lo que están haciendo las mujeres. Como Alejandra Sequeira, vos, Jazmina Caballero, no las veo que están perdidas en cuanto hacia donde van. Creo que no deben tener miedo. El peor enemigo de cualquier persona que quiera destacarse y que quiere hacer una obra, es el miedo a no dar la talla, lo que se conoce en inglés «self-consciousness». El miedo es pésimo para el desarrollo, hay que creer sobre todo las mujeres tenemos que creer más en nosotras mismas. No tengan miedo de parecerse. Esa es una trampa también. ¿Acaso todos los hombres no se parecen literariamente a Carlos Martínez Rivas? Como dice Chichí Fernández, «hay que decir que uno es hijo de alguien para que no digan que uno es hijo de puta», todos somos producto de todas las influencias. Hay que creer que uno puede hacerlo diferente.
Cuando era joven me dije que no me importaría lo que dijeran de mí, porque si yo me destaco en este medio nicaragüense me van a hartar y yo estaba clara, pero no quería ser mediocre. Me lo plantee así y tengo que aceptar que me van a hartar porque me salí de lo «normal», de la media. En este país quien se sale de la media lo acribillan. Tenés que estar lista, agarrar las balas con las manos y devolverlas.

Aquí estoy, no me mataron.
Fuente : http://www.noticultura.com