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María Galindo : Desnuda


Por : María Galindo /activista de Mujeres Creando. 
Nos ha sido arrebatado nuestro cuerpo desnudo, imprescindible para poder conocernos y sentirnos. Nuestro cuerpo ha sido sustituido por un cuerpo plástico. Está prohibido mirarse al espejo, conocerse, quererse y disfrutarse. 


Nos ha sido prohibido el contacto con nuestro propio cuerpo para imponer la intermediación de cuerpos disciplinados bajo una estética que no responde a la de nuestros cuerpos, para imponer la intermediación de tiranías estéticas y de formas corporales que nos arrebatan la belleza de nuestros cuerpos reales.

Nos ha sido arrebatado el gusto de sentirnos: está prohibido ser vieja, está prohibido ser joven, está prohibido ser flaca, está prohibido ser gorda, está prohibido tener los pechos pequeños, está prohibido tener barriga, gustar de nuestras curvas, disfrutar la originalidad única de lo que somos. Ésa es la prohibición que hemos roto en el atrio de la catedral de Santa Cruz, prohibición que hemos roto con el único instrumento que hace posible esa ruptura, nuestros cuerpos desnudos. Los pezones erectos, la piel de gallina de toda la emoción que la envolvía, sin vestido decía: "no acepto que califiquen mi cuerpo”. 

La otra con las piernas abiertas e inclinadas hacia delante terminaba de sacarse las últimas prendas mientras dedicaba su cuerpo desnudo a las mujeres bolivianas, lo hacía en nombre del placer y contra la mirada morbosa del macho que cosifica e invade todo cuerpo. Carolina nos decía: la verdadera fuente de poder de las mujeres está en tu propio cuerpo y en tu propio placer y es por eso que eso nos ha sido secularmente prohibido. 

La tercera terminaba de sacarse el calzón en un acto de liberación sin precedentes; mientras que la cuarta con una gran cofia de cardenal que llevaba escrito "saquen sus rosarios de nuestros ovarios” proclamaba la fuerza de su rebeldía. Fue un acto poético. La provocación era gigante, sus cuerpos transmitían rebeldía, desobediencia, belleza, erotismo, libertad. 

El contraste que esos cuerpos desnudos hacían con la imagen mental de los cuerpos plásticos que no transmiten nada era ineludible; estas mujeres magnetizaban todo el espacio con una forma de belleza salvaje. Cuatro desnudas contra todos los desnudos cosificados que nos tenemos que tragar todos los días. Cuatro desnudas inolvidables, paradas en la plaza publican contra todo falso pudor, contra toda falsa moral. ¿No publica semidesnudas 

El Deber todos los días? ¿No usa mujeres desnudas Corimexo? ¿No se vende a las mujeres pedaceadas y mutiladas todos los días en la televisión? La Iglesia quiere mandarnos a quemar como brujas, no porque el desnudo sea lo que les preocupa; les preocupa el mensaje de libertad y la bofetada con su hipocresía. 

La imagen de los cuerpos desnudos ha sido un gesto político que se ha grabado en la retina cruceña de las adolescentes que están creciendo y que quieren ser libres. La imagen de esos cuatro cuerpos desnudos ha sido tallada en las fotografías del fotógrafo de la plaza, que en su agudeza ha compuesto la imagen junto a los íconos de la cruceñidad haciendo una composición popular que delata la claridad del acto. 

 Los medios de comunicación y la Iglesia pueden decir lo que quieran, lo que es imposible es borrar esos cuerpos desnudos que funcionan como pólvora que enciende la libertad en los corazones de las mujeres cruceñas. Los medios pueden llamar a la censura, el morbo y el escándalo; esos cuerpos desnudos tienen su propio e inconfundible mensaje: las mujeres no somos cosas y la libertad es lo más preciado que tenemos.

Eso cuerpos   desnudos tienen su propio e inconfundible mensaje: las mujeres no somos cosas y la libertad es lo más preciado que tenemos.